CRÓNICA: AMLO, la noche cuando el Candidato se convirtió en presidente

| 4 julio, 2018
CRÓNICA: AMLO, la noche cuando el Candidato se convirtió en presidente

La noche del primero de julio de 2018, Andrés Manuel López Obrador ganó las elecciones y se convirtió en presidente virtual, tras 12 años de espera.

Ahí va el Candidato, avanza lento entre la multitud, que no deja de vitorear su nombre, pudiera parecer la escena de cualquier plaza o pueblo, pero no, ahora es diferente a los miles de mítines que ha hecho en cada uno de los municipios del país, las arrugas de su rostro han cedido espacio a una sonrisa que no se disipa, los gritos siguen y la emoción se contagia como un brote de sarampión entre los presentes.

“Ahí viene” el Candidato, “ahí va”, llegando hasta lo más cerca de la gente, simple, repartiendo saludos como tantas otras veces, quizá mirando en el brillo de los ojos de las personas, el brillo que irradia su propia mirada, la esperanza que, ahora, ha dejado de ser una frase de campaña, que se ha instalado esta noche en el corazón de la capital mexicana, justo ahí, en el Zócalo que ha pisado tantas veces.

¿Cuánto tiempo ha pasado? 93 días, no, han sido más, muchísimos más, cuatro mil 546 días. Sí, 12 años desde que dio el primer paso en su camino para llegar a este momento, de recorrer el país una, otra y otra vez, miles de kilómetros, miles de rostros que han puesto su fe en él, miles de discursos, pero, ahora, es su momento.

En la pantalla aparece la camioneta del Candidato y estalla el Cielito Lindo entre los miles de asistentes, cuando entra al Zócalo pareciera que el asfalto vibra, la gente se arremolina en su vehículo, apenas y avanza entre los policías, reporteros y seguidores. Son apenas unos metros lo que lo separan del templete, cuando sube los fotógrafos apresan sus cámaras y apuntan a él, enardecen los flashazos, también la televisión apunta sus reflectores hacia el Candidato, alza la mano y las matracas de desbordan, las porras, los aplausos, las pancartas, las banderas, las manos, la multitud se vuelve una sustancia vibrante, una expresión de euforia parpadeante.

En la plancha capitalina no hay cabida para la calma, ni un centímetro, la gente palpita, gritan su nombre: “¡No nos vayas a fallar!”, “¡Estamos contigo!”, “¡Presidente, Presidente!”, “es un honor estar con Obrador”, “sí se pudo”. Todo es un murmullo interminable de voces; el fondo del escenario también es un derroche de color, las luces se funden con las tiras de papel en el aire, se entremezclan en una danza aérea sobre los miles de rostros presentes, con la Catedral a su espalda y el Palacio Nacional guiñándole el ojo a su izquierda.

Tal vez te interese |  ¿Es verdad que subirá la TUA para recomprar los bonos del NAIM?

Ese corazón de la Ciudad de México que poco a poco se fue llenando de seguidores que brotaban de entre sus calles iluminados por las farolas ámbar y entre los muros de cantera, de los túneles del Metro que, antes de que llegara, ya cantaban su victoria, entonaban el “México lindo y querido”, desde lo más hondo de sus gargantas, al ritmo de un mariachi que no perdía el ritmo.

De cara a aquellas almas, el Candidato se acerca al podio, a la par de micrófonos que lo esperan, el clamor se apaga y se vuelve en un bisbiseo entre el hervidero amorfo de cabezas sobre el asfalto, alzan su celular, enfocan en aquel rostro de pelo blanco que los mira de frente, esperan sus palabras luego de una jornada electoral en vilo.

El rumor del fraude se difuminó con forme se dieron a conocer las primeras tendencias y este 1 de julio ganó la democracia, los votos le dieron el triunfo al candidato de izquierda, al disidente, al hombre que hace más de 20 años salió Tabasco encabezando protestas, tomando pozos petroleros, al controversial jefe de gobierno del desafuero, el que acusó de fraude en 2006, el del “frijol con gorgojo”.

Al fin habla el Candidato: “Amigas y amigos – entonces la gente vibra- vengo a agradecerles por su apoyo, por su confianza, desde este Zócalo de la Ciudad de México, corazón político, social, cultural de nuestra República, un saludo a todos los mexicanos, mi agradecimiento sincero”.

En su rostro no se disimula la alegría, detrás de él están su esposa y sus hijos, también la candidata que gobernará la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum. Habla lento, como de costumbre, y recuerda que este triunfo pertenece a todos y todas, es el esfuerzo de muchos dirigentes sociales, políticos, ciudadanos, indígenas, obreros, estudiantes, de todas las clases sociales, de todos los sectores, de todas las religiones.

“No les voy a fallar, no se van a decepcionar, estoy muy consciente de mi responsabilidad histórica, no quiero parar a la historia como un mal presidente”, frente a él, al unísono, las gargantas responden a coro “no estás sólo”.

Al final, un abrazo, el clamor amoroso a sus seguidores a quienes les dice que él los quiere tanto como ellos a él, “quizá un poco más”, pero antes que termine la fiesta la gente vuelve a cantar, ya no el mariachi, al final en el Zócalo retiembla el Himno Nacional en sus gargantas, para decirle adiós a su Candidato, a ese hombre de pelo cano y voz pausada que ha encontrado en millones de mexicanos un eco de sus propias palabras en las voces de los otros,, al discrepante, al nuevo presidente, a Andrés Manuel López Obrador.

Comentarios

Comments