Así cambió el mundo a 10 años de la crisis financiera

| 13 septiembre, 2018

10 años después de la crisis financiera, el mundo se pregunta cuándo llegará la próxima recesión. Foto: Pixabay.

Diez años después de que estalló la crisis financiera de 2008, el mundo está más conectado, pero también más desigual y fragmentado.

Robert Shiller, Premio Nobel de Economía de 2013, dice que las burbujas especulativas son un fenómeno psicológico. La gente se deja llevar por una exubuerancia irracional al momento de invertir en activos que constantemente suben de precio, pero ignoran ciertos hechos y evidencias que anuncian que la burbuja reventará tarde o temprano.

Shiller fue de los pocos economistas que advirtieron que el mercado de vivienda en Estados Unidos estaba sobrevalorado, pero no se hablaba de ello en los medios y la gente no estaba familiarizada con el concepto de burbuja especulativa.

El 15 de septiembre de 2008 todos los noticiarios abrieron con la quiebra del banco Lehman Brothers, la bancarrota más grande de la historia, por las grandes pérdidas que sufrieron por títulos respaldados en hipotecas subprime. La crisis se estaba gestando años atrás, pero no fue tema de conversación hasta que los medios y las personas comenzaron a hablar de ella.

A diez años de la crisis financiera y la Gran Recesión que produjo, sabemos que el furor por el mercado de vivienda alentó a las instituciones a dar créditos a personas que no podían pagarlos y, a su vez, bancos compraron instrumentos respaldados en estas hipotecas que fueron evaluados con bajo riesgo por las agencias calificadoras. Se critica que Wall Street actuó con codicia y cinismo pues, de todas formas, sabían que el gobierno los iba a rescatar.

Desde aquel desastre económico: el mundo ya superó lo peor y ha cambiado de muchas formas: ahora está más conectado, pero a la vez más fragmentado y desigual.  Aquí hay algunas cifras que lo demuestran.

El 1% tiene la mitad del pastel

Para evitar el colapso financiero global, los gobiernos y los bancos centrales rescataron a las entidades en problemas, algunas fueron conocidas como Too big to fail (demasiado grandes para caer). Y para reactivar la economía, bajaron las tasas de interés a mínimos históricos y, en una medida atípica, lanzaron programas de expansión monetaria. La Reserva Federal de (Fed) la llamó Quantitative Easing (QE).

Estos programas inundaron al mercado de liquidez. Los activos financieros crecieron más rápido y aumentó la brecha de desigualdad en la riqueza. En 2007, el 1% de la población mundial tenía el 45% de la riqueza. Diez años después, ahora atesora el 50.1%, de acuerdo con el Global Wealth Report 2017 de Credit Suisse.

“Las políticas de los bancos centrales, en concreto la QE y la depresión de las tasas de interés, tienen el objetivo, yo diría explícito, de mantener las bolsas a flote. ¿Esto a quién beneficia? A las personas más ricas, las que son dueñas de los activos”, dice Guillermo Barba, economista y editor de Top Money Report.

El banco suizo indica que cambió la cantidad y la calidad de la riqueza generada tras la intervención de los bancos centrales en los mercados.

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“Aunque la desigualdad no es el problema per se, sino la pobreza, sí exacerba en algunas partes la desigualdad y se genera esa sensación de que solamente algunos se están llevando el pastel y la mayoría se reparte las migajas”, agrega Guillermo Barba.

Un mundo más conectado y automatizado

También en los últimos diez años la tecnología y las telecomunicaciones crecieron a un ritmo vertiginoso. En 2007, el número de personas con conexión a internet en sus dispositivos móviles era de poco más de 2,000 millones; en 2017 fue de 5,000 millones, 67% de la población en el mundo, según datos de GSMA.

Esta conectividad omnipresente potenció la difusión de movimientos sociales y políticos, como la Primavera Árabe en 2011. La gente está más conectada que nunca con el mundo, pero a la vez está más fragmentada por las ideologías y líderes políticos, muestra de ello fueron el Brexit, las elecciones de Estados Unidos en 2016 y los brotes de descontento social que empoderaron a líderes populistas en varias partes del mundo.

También se fortaleció la economía digital y se aceleró la automatización en varios procesos industriales, también debido por la inyección de liquidez de los bancos centrales para calmar la crisis financiera.

“Deprimir las tasas de interés castiga el ahorro y fomenta que las empresas se endeuden. El crédito les permite obtener bienes de capital, como más tecnología y maquinaria, lo que trae más  automatización, más desempleo y menores salarios de los que habría en un mercado libre en el que el crecimiento estuviera basado en el ahorro”, comenta Barba.

Entre 2007 y 2017, las ventas de robots industriales crecieron 239%, de 114,000 a 387,000 unidades, de acuerdo con datos de la Federación Internacional de Robótica (IFR, por sus siglas en inglés). China es el que más robots industriales instala y el sector automotriz es en donde más se usan.

México, más pobre y endeudado

El país, al ser dependiente de Estados Unidos, recibió con un fuerte impacto la crisis económica, el Producto Interno Bruto (PIB) del país cayó 6.5%, aunque los fundamentales macroeconómicos le ayudaron a que esta  recesión fuera menos profunda y a superarla más rápido.

Pero desde entonces, algunos indicadores económicos se han deteriorado. Entre 2008 y 2016, el número de personas en situación de pobreza en México pasó de 49.5 millones a 53.4 millones, de acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval).

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También se ha visto afectado el poder adquisitivo de la gente: entre enero de 2008 y diciembre de 2017, la inflación acumulada ha sido del 50%, de acuerdo con información del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

El gobierno de Enrique Peña Nieto implementó una serie de reformas económicas para abrir diversos sectores y detonar el crecimiento. Pese a esta medida, el crecimiento del PIB no ha avanzado más del 3% en su sexenio y la credibilidad de su administración bajó debido a los escándalos de corrupción y el avance de la inseguridad y el crimen organizado.

Además, la deuda pública escaló durante su mandato, de 6.0 a 10 billones de pesos, de acuerdo con el saldo histórico de los requerimientos financieros del sector público (la medida más amplia de la deuda), registrados por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP).

La próxima crisis

Por ahora no hay recesión global, pero muchos se preguntan si se aprendieron lecciones de la crisis de 2008 y, sobre todo, de dónde provendrá la próxima crisis.

La ola de dinero barato, patrocinada por los gobiernos y los bancos centrales puede originar un nuevo tsunami financiero: una crisis global de deuda que puede tener consecuencias más grandes que la de hace diez años.

“Si bien los consumidores no están peor que antes, los niveles de deuda corporativa y soberana solamente se han elevado desde la crisis, sostenidos únicamente por tasas de interés artificialmente bajas”, dice en un análisis Dave Lafferty, estratega en jefe de Natixis IM.

Al cierre de 2017, la deuda neta global era de 238 billones (millones de millones) de dólares, equivalente al 317% del PIB global. Hace diez años era de solamente de 267 billones y no rebasaba el 270% del PIB mundial, según datos del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF).

¿Cuándo estallará la próxima crisis? Nadie lo sabe, aunque algunas economías emergentes ya están mostrando algunos síntomas. Al empezar a subir las tasas de interés en Estados Unidos, los inversionistas se llevan su dinero de estos mercados, por lo que los gobiernos tienen que ofrecer intereses más atractivos para acceder al financiamiento.

Guillermo Barba cree que esta crisis puede trasladarse a los países desarrollados en tres o cinco años. La próxima recesión no tiene fecha de llegada, pero promete ser diferente a la anterior.

Un mundo más conectado, fragmentado y desigual

Infografía: Edgar Cruz

 

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