COVID-19 en la frontera norte, ¿por qué es más letal del lado mexicano?

| 2 agosto, 2020

Imagen: Pixabay.

La línea en la frontera marca las diferencias entre los sistemas políticos, de salud, de gestión y de comunicación hacia la población sobre COVID-19.

Por Leticia Muciño Martinez

Hablar de letalidad del COVID-19 en México entraña la reflexión sobre las razones del porqué en el país se tiene una mortalidad mayor que el promedio mundial. Sin embargo, hay municipios en los que la tasa de letalidad se eleva en gran medida por encima de la media nacional para entornos urbanos. Algunos de esos municipios se ubican en la frontera México-Estados Unidos y, dada la dinámica que se establece con las ciudades gemelas del lado americano, asentadas en condados y municipios colindantes en la frontera, resulta interesante realizar una comparación de la letalidad en algunas de las ciudades fronterizas de México y Estados Unidos, y tratar de ubicar algunos de los elementos sociales y de comunicación que pudieran contribuir a elevar o disminuir las tasas de decesos por esta enfermedad.

Vale la pena hacer la precisión de que, al hablar de letalidad, me refiero al porcentaje de defunciones sobre el número de personas que se han contagiado por COVID-19, por lo que el tamaño de las poblaciones totales de los municipios y condados a los que me referiré no interfiere en la tasa que se registra en ellos.

Al 27 de julio de 2020, las tasas de letalidad que se observan en algunos condados y municipios fronterizos son las siguientes:

Municipio Casos Def. Letalidad Condado Casos Def. Letalidad
Tijuana 3835 1067 27.8% San Diego 27570 533 1.9%
Mexicali 6970 1223 17.5% Imperial 9162 180 1.9%
Nogales 1895 209 11.0% Santa Cruz 2522 49 1.9%
Juárez 3072 630 20.5% El Paso 13327 230 1.7%
Acuña 1091 57 5.2% Val Verde 1298 13 1.0%
Piedras Negras 1248 27 2.1% Maverick 1390 23 1.6%
Nuevo Laredo 1341 128 9.5% Webb 5136 114 2.2%
Reynosa 3630 281 7.7% Hidalgo 15689 467 2.9%
Matamoros 2355 174 7.3% Cameron 8201 272 3.3%

Los números son reveladores respecto a la elevada letalidad que se observa del lado mexicano, frente al creciente número de casos en los condados americanos, con una letalidad que no rebasa el 3.5%. En las siguientes líneas trataré de establecer algunas de las razones por las que pudiera presentarse este fenómeno.

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Mismo discurso sobre COVID-19

Si bien las políticas nacionales en México y Estados Unidos frente a la atención al COVID-19 prácticamente han ido aparejadas, con un discurso de respeto a las libertades individuales, sin la aplicación de medidas de confinamiento obligatorias ni uso forzoso de cubre bocas en espacios públicos, así como de minimización de los efectos de la pandemia, las acciones de contención y mitigación sí han presentado ciertas diferencias. Es sabido que México es uno de los países que a nivel mundial realiza el menor número de pruebas diagnósticas de COVID-19, a diferencia de Estados Unidos, que en las semanas recientes ha incrementado el número de pruebas por habitante, lo que apoya fuertemente la detección temprana de los casos y su oportuna atención, conteniendo el agravamiento de la condición general de salud de las personas infectadas.

En ambos países, los mensajes a la población han sido contradictorios y el regreso a las actividades se ha realizado de forma prematura y con tropiezos, pero la estrategia de comunicación hacia la población en caso de encontrarse en una situación de sospecha de contagio de COVID-19 pudiera ser determinante en la oportunidad para atender los casos y, en consecuencia, evitando que se llegue al punto de la complicación que desencadene un cuadro agudo que lleve a la muerte.

 

Atención temprana, la clave

Ahondando en el punto anterior, en México, la Secretaría de Salud llama a la población a que, en caso de presentar los síntomas asociados al COVID-19 (tos, fiebre y dolor de cabeza), las personas deben asilarse y permanecer en casa, hasta que desaparezcan los síntomas, sin quedar claro el momento en el que debería de acercarse a los servicios de salud.

De acuerdo con especialistas como el Dr. Alejandro Macías, infectólogo encargado de la gestión de la pandemia del H1N1 en 2009, y la Dra. Laurie Anne Ximénez-Fyviela, Jefa del Laboratorio de Genética Molecular en la UNAM, la atención oportuna en los casos de COVID-19 se puede realizar incluso de forma ambulatoria y con medicamentos de acceso asequible para una buena parte de la población, y que incluso no generarían una carga demasiado onerosa para el sistema de salud. No obstante, la clave en la atención del COVID-19 es la oportunidad en el diagnóstico y tratamiento, por lo que si se dejan pasar los días se corre el riesgo de que el cuadro pueda complicarse, llegando la atención cuando el padecimiento se ha hecho agudo y el tratamiento se complica, pudiendo desencadenar en la muerte.

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En Estados Unidos, la página web del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) proporciona información amplia sobre la enfermedad, indicando también que la persona presuntamente enferma debe aislarse y permanecer en casa. Sin embargo, precisa que si existe la sospecha de haber estado expuesto al COVID-19, se contacte de inmediato a un proveedor de atención médica.

 

Sistemas de salud deficientes

Si bien en el sistema de salud mexicano existen deficiencias estructurales que se han exacerbado con la pandemia, en Estados Unidos existe también una deficiencia en la cobertura de los servicios de salud, especialmente hacia los grupos de población con menos recursos económicos. Sin embargo, los números nos señalan que estas deficiencias no han llevado a una tasa de letalidad tan elevada como la que observamos en México.

En algunas investigaciones se ha referido que, en ciudades como Juárez y Tijuana, las tasas de letalidad se han visto incrementadas por la presencia de la industria maquiladora, en la que no se han observado suficientemente los protocolos de protección de los trabajadores y distanciamiento social, así como por la presencia de los campamentos de migrantes que aún se encuentran en espera de resolución de sus casos de asilo en Estados Unidos. Sin embargo, en otros municipios fronterizos como Matamoros, también con presencia de la industria maquiladora y migrantes asentados a las orillas del Río Bravo, la letalidad se mantiene dentro del margen de la media nacional, o incluso por debajo de ella.

Pese a la amplia integración e interacción entre las ciudades hermanas comparadas en la tabla anterior, la línea fronteriza marca las diferencias entre sistemas políticos, sistemas de salud, sistemas de gestión y de comunicación hacia la población, lo que debería de llamar la atención para generar estrategias que puedan modificar el curso de la pandemia y, en consecuencia, las tasas de letalidad por COVID-19 en la región.

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